Si tuviera que definirme, diría que soy una persona que escucha el espacio y a quien lo habita.
La escucha es el punto de partida de mi trabajo como interiorista: entender las necesidades reales de las personas para que su hogar o su lugar de trabajo sea una extensión sincera de quienes son, sin renunciar a la comodidad ni a la funcionalidad.
Desde muy joven aprendí a apreciar la belleza en los textiles, los muebles y los objetos con alma. Aquella educación temprana fue la semilla de una pasión que ha marcado mi vida profesional. Antes de los 30 ya estaba involucrada en un proyecto familiar dedicado a la decoración y a las antigüedades, rodeada de artesanos, restauradores y piezas únicas.
Durante más de dos décadas he trabajado mano a mano con profesionales del oficio, aprendiendo a respetar, recuperar y transformar. Aquellos años de ferias, mercadillos y desembalajes me ayudaron a forjar el estilo que hoy define mi marca: una elegancia sin estridencias, con carácter y sensibilidad.
Además del diseño de interiores, he convertido mi taller en un espacio donde los muebles antiguos recobran su esplendor o se reinventan para una nueva vida. Creo en la reutilización, la sostenibilidad y en la belleza de lo imperfecto. Cada mueble restaurado o actualizado es una historia que sigue viva y una forma de cuidar el entorno.
Para mí, un espacio bien pensado es luminoso, ligero y lleno de sentido. Pero, sobre todo, tiene alma. Y esa alma nace de mirar con atención, escuchar de verdad y crear con intención.
CIF:16047585W
Tamaño de la empresa: 1-10 empleados
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